SAN JUAN DE LA MAGUANA.– La prolongación de los períodos de sequía y el aumento de las temperaturas podrían reducir la producción de habichuelas en la provincia San Juan, debido a la falta de agua durante etapas esenciales del cultivo y al incremento del riesgo de plagas, advirtió Max Puig, vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono (CNCCMC).
El funcionario explicó que la escasez de lluvias suele afectar las plantaciones durante su fase de crecimiento, entre abril y mayo. Sin embargo, los escenarios climáticos apuntan a que las condiciones secas podrían extenderse hasta julio, comprometiendo también la etapa de fructificación y favoreciendo la proliferación de la mosca blanca.
La situación genera preocupación por la importancia de San Juan para el abastecimiento nacional de este alimento. Según los datos citados por Puig, la provincia y el resto de la región Suroeste concentran alrededor del 60 % del área sembrada de habichuelas en el país, mientras que San Juan aporta cerca del 80 % de las semillas utilizadas para su cultivo.
“San Juan es el granero del Sur, y lo que ocurra con el agua en este valle se sentirá en la mesa de todos los dominicanos”, manifestó el funcionario al advertir sobre las consecuencias que podrían tener las altas temperaturas y la reducción de las precipitaciones.
Proyecciones climáticas apuntan a mayores temperaturas
Las advertencias se sustentan en el estudio Adapt’Action, desarrollado entre 2019 y 2022 por el CNCCMC con apoyo de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), que identificó el cultivo de habichuelas en San Juan entre los sistemas agrícolas prioritarios para la adaptación al cambio climático.
De acuerdo con el plan de acción elaborado a partir de esa investigación, en un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero la temperatura promedio mensual de San Juan podría pasar del rango actual de 21 a 24 grados Celsius a uno de 24 a 27 grados hacia 2050.
Otros escenarios climáticos citados por el Consejo proyectan que, hacia finales de siglo, las precipitaciones en la provincia podrían disminuir entre un 26 % y un 32 %, mientras que las temperaturas máximas aumentarían entre 2.9 y 3.6 grados Celsius bajo un escenario de altas emisiones.
Puig aclaró que el impacto dependerá de la evolución de las emisiones contaminantes. En un escenario de bajas emisiones, la reducción de las lluvias sería menor, situándose entre un 4 % y un 9 %, según las proyecciones mencionadas.
El funcionario explicó que el aumento del calor eleva la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua desde el suelo y las plantas hacia la atmósfera, lo que incrementa las necesidades hídricas de los cultivos incluso cuando la reducción de las lluvias no parece considerable.
Registros reflejan escasez de precipitaciones
La preocupación también se relaciona con los registros recientes de lluvia en la provincia. Entre el 11 y el 20 de febrero de 2026, la estación meteorológica de Arroyo Loro reportó apenas 0.2 milímetros de precipitación, mientras que la Regional Agropecuaria Suroeste acumuló 42.7 milímetros durante el período señalado.
Los datos históricos de Arroyo Loro muestran variaciones importantes frente a la normal climática anual de 938.7 milímetros. En 2021, las precipitaciones quedaron un 27.1 % por debajo de ese promedio; en 2022 y 2023 lo superaron un 6.9 % y un 5.6 %, respectivamente, mientras que en 2024 registraron un déficit del 4.55 %.
Durante una conferencia titulada Cambio Climático: Situación Actual y Escenarios Futuros en la Región y Zonas de Mayor Vulnerabilidad, celebrada en la extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en San Juan de la Maguana, Puig llamó a reforzar las medidas preventivas ante el riesgo de sequía y las olas de calor.
Asimismo, señaló que las previsiones meteorológicas citadas por el organismo apuntan a un posible déficit de lluvias durante el segundo semestre del año. También hizo referencia a las proyecciones sobre el fenómeno de El Niño, que podrían favorecer condiciones más cálidas y secas.
Pequeños productores, entre los más vulnerables
Puig advirtió que los agricultores de menor escala enfrentan mayores dificultades para responder a la escasez de agua, debido a sus limitaciones para almacenar reservas, acceder a créditos y contratar seguros que protejan sus cosechas.
En ese contexto, resaltó la importancia de la presa de Sabaneta para el suministro de agua, el riego agrícola y la generación de electricidad en la región hidrográfica del Yaque del Sur.
El funcionario sostuvo que la conservación del agua durante los próximos meses será determinante para reducir las pérdidas agrícolas y proteger los ingresos de las familias que dependen de la producción agropecuaria.
Entre las iniciativas destinadas a mejorar la disponibilidad del recurso mencionó el proyecto del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi) para modernizar los sistemas de riego de Guanito-San Juan, San Juan-Jínova y Hato del Padre.
La intervención abarcará unas 84,000 tareas de tierra y beneficiará a 1,496 productores mediante la rehabilitación de 63.4 kilómetros de infraestructura hidráulica. Para los estudios y el diseño se dispone de un financiamiento no reembolsable de un millón de dólares del Banco Mundial.
También citó la rehabilitación, en marzo de 2026, de las estaciones de bombeo de Sabana Los Jobos y Pedro Santana, con una inversión superior a los 2.8 millones de pesos. Según los datos ofrecidos, los trabajos permiten garantizar el riego de 5,340 tareas en beneficio de 192 agricultores.
Proponen fortalecer la adaptación agrícola
Además de las sequías prolongadas, el vicepresidente ejecutivo del CNCCMC alertó sobre los daños que pueden provocar las lluvias intensas después de largos períodos de escasez de agua. Los suelos resecos y compactados pueden absorber menos precipitaciones, aumentando el riesgo de erosión, inundaciones localizadas y daños a cultivos, caminos y comunidades.
Frente a estos riesgos, consideró necesario ampliar las prácticas de conservación de suelos, la retención de agua, los sistemas agroforestales y silvopastoriles, la diversificación de cultivos, la modernización del riego y la restauración de las cuencas hidrográficas.
También recomendó aprovechar herramientas de información climática, como el Atlas de Riesgo y Vulnerabilidad ante Emergencias (ARVE), los registros de precipitaciones del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) y los productos del programa europeo Copernicus.
Puig concluyó que la adaptación al cambio climático requiere que las informaciones científicas lleguen oportunamente a los productores y se traduzcan en decisiones concretas de prevención, planificación y manejo de los recursos naturales.
La evolución de las lluvias y las temperaturas durante los próximos meses será determinante para la agricultura de San Juan, una zona estratégica para la producción de habichuelas y el abastecimiento alimentario de República Dominicana.





