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Brasil llega a las elecciones con crecimiento en desaceleración y una deuda pública creciente

BRASILIA.— El próximo Gobierno de Brasil asumirá las riendas de una economía que, aunque mantiene niveles históricamente bajos de desempleo y una inflación relativamente contenida, enfrenta importantes desafíos fiscales, elevados tipos de interés y una desaceleración del crecimiento.

Las elecciones previstas para el domingo 4 de octubre se desarrollan en un escenario económico que presenta contrastes. Durante los últimos cuatro años, el producto interno bruto (PIB) brasileño ha registrado avances superiores al 2 %, después de una década caracterizada por la recesión y un crecimiento limitado.

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva inició su actual mandato con una expansión económica del 3.2 % en 2023, seguida de un crecimiento del 3.4 % en 2024. El impulso estuvo relacionado, entre otros factores, con una mayor expansión de los programas sociales, el aumento real del salario mínimo y la puesta en marcha de líneas de crédito público.

Sin embargo, el ritmo comenzó a moderarse posteriormente. El crecimiento fue del 2.3 % en 2025 y las previsiones apuntan a que este año la expansión no alcanzará el 2 %, con el sector agropecuario entre los principales soportes de la actividad.

Tasas de interés presionan la actividad

Uno de los principales obstáculos para la economía brasileña son los elevados tipos de interés. La tasa básica llegó a situarse en apenas el 2 % anual durante la pandemia, pero posteriormente el Banco Central endureció su política monetaria con el objetivo de contener las presiones inflacionarias.

La tasa oficial comenzó el mandato de Lula en 13.75 %, posteriormente descendió hasta el 10.5 % y más tarde volvió a aumentar hasta alcanzar el 15 %. Actualmente se encuentra en 13.75 %.

El elevado costo del dinero ha tenido efectos sobre la inversión y el acceso al crédito, además de aumentar la presión financiera sobre los hogares. Los datos oficiales citados en el análisis señalan que las familias destinan cerca de un tercio de sus ingresos al pago de deudas.

Crecen la deuda y el déficit

Las cuentas públicas constituyen otro de los principales retos para la próxima administración. La deuda pública pasó del 73.5 % del PIB en 2022 al 82.9 % en agosto de este año, de acuerdo con los datos recogidos en el informe.

También se ha ampliado el déficit fiscal. En agosto alcanzó el 9.48 % del PIB interanual, incluyendo el pago de intereses, frente al 4.68 % registrado al cierre de 2022.

Este escenario coloca el control del gasto público y la sostenibilidad de las finanzas estatales entre los asuntos centrales para el próximo Gobierno.

Lula ha defendido la responsabilidad fiscal, aunque ha rechazado que esta deba alcanzarse mediante recortes de gasto. Por su parte, Flávio Bolsonaro plantea una política orientada a reducir el gasto público.

El empleo constituye uno de los puntos favorables

A pesar de las dificultades fiscales y monetarias, el mercado laboral brasileño mantiene indicadores positivos.

La tasa de desempleo se sitúa en 5.3 %, considerablemente por debajo del promedio registrado en 2022, cuando rondaba el 9 %. Además, el número de personas ocupadas alcanzó un récord de 103.5 millones.

Los empleos formales también se encuentran en niveles máximos, aunque la informalidad todavía representa alrededor del 37 % de los trabajadores.

El ingreso medio real llegó a aproximadamente 3,777 reales, equivalentes a unos 730 dólares o 640 euros según las cifras citadas.

Inflación dentro de la meta, pero con presión sobre los precios

La inflación interanual se encuentra en 4.22 %, por debajo del techo de la meta establecida en 4.5 %. No obstante, el costo de vida continúa siendo una de las preocupaciones de los hogares brasileños, especialmente por el comportamiento de los precios de los alimentos.

Durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, los alimentos acumularon un aumento superior al 50 %, mientras que durante la actual administración de Lula han continuado encareciéndose, aunque a un ritmo menor, cercano al 13 %.

De esta manera, el próximo Gobierno recibirá una economía con un mercado laboral sólido y una inflación relativamente controlada, pero también con crecimiento más lento, elevados costos financieros, mayor endeudamiento público y un déficit que representa uno de sus principales desafíos económicos.

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